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19 sept. 2011

MILES DE ‘INDIGNADOS’ ESPAÑOLES SE SUMAN A LA JORNADA MUNDIAL ‘TOMA LA BOLSA’

FUENTE: www.cuartopoder.es / Sergio Barrenechea (Efe)


EL 15-M SACA A LA CALLE A MILES DE PERSONAS CONTRA LAS PRIVATIZACIONES.– El Movimiento 15-M volvió a sacar ayer a la calle a miles de personas en más de 30 ciudades españolas para protestar contra la privatización de los servicios públicos y los recortes sociales. Las concentraciones más numerosas tuvieron lugar en Madrid –en la imagen, captada anoche en la Puerta del Sol–, donde según los convocantes se reunieron más de 30.000 personas, y en Barcelona, donde se congregó un número similar. “Banqueros y políticos: sacad vuestras manos de los servicios públicos” fue el lema de las pancartas que encabezaban la mayoría de las marchas. / Foto: Luca Piergiovanni (Efe)

Activistas del 15-M, fuertemente vigilados por la Policía, ayer, durante la protesta junto a la sede de la Bolsa de Madrid.


Por si las moscas, el ministro del Interior, Antonio Camacho, dio orden de proteger la Bolsa de valores. Las moscas eran los jóvenes indignados del movimiento del 15M, que el sábado secundaron en Madrid –también en Barcelona, Bilbao, Santander, Valencia, Las Palmas…– la convocatoria mundial contra los abusos de la especulación financiera, bajo el lema “tomalabolsa”. La iniciativa Occupy Wall Street (Ocupar Wall Street) fue promovida por los indignados estadounidenses, que acamparon en los alrededores de la Bolsa neoyorkina para exigir “una economía al servicio de las personas”.

La orden del ministro Camacho fue cumplida a rajatabla por la delegada del Gobierno, Dolores Carrión, de modo que a las 12:30 de la mañana, cuando llegaron los primeros grupos de indignados a ocupar la escalinata que da acceso al parquet madrileño, en la plaza de la Lealtad, se encontraron con un cordón de policías antidisturbios que, porra en mano, les dijeron que allí no podían estar. Y no estuvieron. Ocho furgonetas antidisturbios y unos agentes municipales de apoyo se lo impidieron.

Los jóvenes, unos doscientos a esa hora, se trasladaron a un esquinazo ajardinado del Paseo del Prado, colocaron una mesa con una pancarta: “Toma la Bolsa”, hicieron visibles otras contra el “neoliberalismo tóxico para el hombre y el planeta”, instalaron un micrófono con un altavoz alimentado por un grupo electrógeno, modelo cantante urbano perseguido por Ruiz Gallardón, e iniciaron el acto, consistente en la explicación de la economía de casino. Habló el experto Carlos Castiñeiras y le siguieron otros especialistas que, como María García, informaron de la voraz y mortal especulación de los capitalistas a cuenta de los alimentos básicos.

El corro de indignados se iba ampliando por minutos. A las siete de la tarde eran ya unos setecientos. A las ocho, superaban el millar y el aula abierta seguía creciendo frente al cuartel general y el Museo de la Armada. El panel de temas era amplio. Con toda seguridad, ningún concernido escuchaba las críticas, ya que era sábado y la Bolsa estaba cerrada a cal y canto. Pero los antidisturbios se acercaban más y más a los pacíficos asambleístas y, algunos, ponían cara de alumnos aplicados, como si quisieran aprender algo.

Al profesor Daniel Vila le tocó hablar de las multinacionales y los oligopolios. Pero antes pidió al ministro Camacho que no se asuste, que el “toma la Bolsa” no era un asalto, sino una expresión metafórica. “Además, no somos violentos”. “No nos han dejado estar en esa escalitana –la de la Bolsa– porque lleva camino de ser la sede de los tres poderes: del Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial”. Los asambleístas le aplaudieron.

Vila dirigió su intervención a desenmascarar algunos términos del “capitalismo financiero” y pidió: “No nos dejemos silenciar por los tecnicismos”. En ese sentido interpretó la sutil sustitución de los términos “gobierno y gobernabilidad” por el de “gobernanza” como una trampa para meter en el mismo saco los derechos de las personas físicas y de las jurídicas o sociedades mercantiles, cuyo barniz ideológico y propagandístico, dijo, es “la responsabilidad social corporativa”, una engañifa orientada a que se reconozcan los mismos derechos al capital que a las personas. Algo insólito.

Antes de Vila –que conectó sus tesis con la reciente reforma urgente de la Constitución para dar prioridad absoluta al pago de la deuda–, intervino el economista y profesor de la Universidad Carlos III Ricardo García Zaldívar sobre los paraísos fiscales y el secreto bancario. Pidió la máxima presión social para acabar con los paraísos fiscales –“Más del 80% de las empresas del Ibex 35 tienen filiales en paraísos fiscales”, denunció–, y también para que los gobiernos refuercen la inspección fiscal y exijan a los grandes bancos y a las transnacionales que rindan cuenta país por país con el fin de combatir el fraude derivado de la transferencia de precios y otras prácticas.

Zaldívar animó a los participantes en el ágora a presionar para que el tratamiento a los capitales que se refugian en los paraísos fiscales no se caiga de la agenda del G-20 que se va a reunir a primeros de noviembre en Cannes (Francia). También exigió a las autoridades españolas que acaben con los paraísos fiscales de las Sicav. Luego, en conversación con este periódico, reconoció que la resistencia estadounidense a abordar la supresión de esos refugios es muy fuerte. Los norteamericanos tampoco quieren oír hablar del impuesto a las transacciones internacionales. “Pero hay que insistir; cuando lo propusimos nosotros, hace quince años (la Tasa Tobin), nos llamaron utópicos, y ahora lo propone hasta Sarkozy, aunque con un fin muy diferente: el de los gobiernos es recaudatorio y el nuestro, evitar la especulación y ayudar a los países empobrecidos”.

La intervención de Zaldivar dio lugar a una pregunta de un indignado sobre los cientos de defraudadores españoles amparados por el secreto bancario en Suiza. “¿Quienes son esos 3.000 millonarios españoles con el dinero en Suiza? ¿Cuántos políticos hay? ¿Quiénes son? ¿Figura el Rey entre ellos?” Zaldívar contestó: “El compañero lo ha dicho todo; los nombres sólo se conocen por las fugas informativas, los capitalistas están en guerra entre ellos, y eso debe ser aprovechado por los movimientos sociales”.

Al respecto, una portavoz de “tomalaplaza” anunció que el 23 de septiembre –próximo viernes a las siete de la tarde– han convocado una concentración ante la sede del banco suizo SCBC en la Torre de Picasso y que el 1 de octubre convocarán otra ante la Fiscalía del Estado para que intervenga contra los defraudares millonarios con cuentas secretas en Suiza. Un agente policial anotó las citas, sin duda para que Camacho y la delegada Carrión organicen el servicio de protección. Instantes después, un indignado que vestía sotana negra con banda y solideo rojo de obispo, y manejaba la transmisión por Internet, alertó a una portavoz que, micro en boca, informó a los reunidos: “Compañeros, en este momento, cientos de indignados estadounidenses comienzan a concentrarse en Wall Street”. Eran las 19:30 en Madrid. La noticia fue acogida con aplausos y, todos a una, corearon la consigna: “De norte a sur, de este a oeste, cueste lo que cueste”.

En San Francisco, Los Angeles y Toronto también se esperaban protestas. En Atenas, Berlín, Frankfurt, Lisboa, Milán, Tel-Aviv… miles de indignados exigían el fin del capitalismo especulativo y una economía para las personas. Es de suponer que los satélites gubernamentales estarían midiendo y analizando la fuerza de las toneladas de adrenalina de los indignados. Los de Madrid contaron con la ilustración de los profesores y expertos agrupados en ATTAC España, la Asociación para la tributación de las transacciones financieras y la acción ciudadana, que tiene presencia en 50 países y lucha por el control democrático de los mercados financieros, sus instituciones y por la justicia global.


Cubierta del libro de Willie Toledo.

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