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22 mar. 2011

SOPENA NO ES EL PROBLEMA; ES SOLAMENTE EL SÍNTOMA ( A propósito de mi despido fulminante de El Plural)

Hay un axioma admitido como inevitable: los periodistas no debemos convertirnos en noticia. Por lo menos los buenos periodistas. Los que pretendemos serlo. Pero hay ocasiones en que no elegimos ponernos en la diana. Pero no quiero hacer de mi despido de El Plural el foco de ningún problema. A fin de cuentas, El Plural y Enric Sopena son una anécdota en mi vida. En el fondo lo que me fastidia de dejar de publicar es no poder seguir molestando a los ortodoxos del zapaterismo.

El caso es que hace un año, Enric Sopena me pidió en una carta apócrifa que me fuera de El Plural. Yo le contesté que sólo me iría si me echaba, y le sugería que acumulase coraje para hacerlo. Le ha costado un año tomar la decisión y durante este año ha tratado de que me cansará del desprecio con el que trataba mis artículos, colocándolos incluso detrás de artículos publicados el día anterior. Ni caso. Soy un viejo resistente.
Enric Sopena es el símbolo de los tiempos que nos han tocado vivir. Incluso la forma del despido le define. Pero lo preocupante es que los defensores a ultranza de Zapatero y del PSOE sean personas como él. Así le va al socialismo español. Pero todo partido tiene sus perros de presa. Son las dos caras de una moneada: Intereconomía o El Plural. Sinceramente creo que yo era la excepción en ese periódico, y ahora se han quedado justo los que tenían que estar. Nadie, ninguno de los colaboradores me ha llamado para solidarizarse conmigo, por lo que colijo que están contentos de que mi reflejo en su propio espejo deje de incomodar su labor de propaganda.

Su historia, la de Sopena, es la de un perro de presa. Primero fervoroso miembro del Opus Dei. Si alguien tiene curiosidad, que ponga en Google “Enric Sopena+Opus Dei”. Sus fervorosas crónicas sobre Monseñor Escrivá de Balaguer dan cuenta de que su formación en la sumisión al mando natural de cada época tiene raíces en una organización católica especializada en la incondicionalidad al líder. En todas sus épocas profesionales ha sido igual. Lleva en la sangre la madera perfecta de un mercenario.
En conversaciones privadas me llegó a reconocer la diferencia entre lo que opina y lo que publica. La coartada era no favorecer al PP, cómo si los periodistas fuéramos responsables de los aciertos o los errores de los políticos. Su naturaleza es la subordinación a quien le da de comer. No importa el papelazo que hace en La Noria. Le pagan bien. Y él no tiene pudor en convertir su periódico en altavoz del programa.

Autobombo como ampliación de la exaltación de los propios.

El problema no es Sopena ni que yo haya sido despedido. Es el síntoma de que la sumisión sale rentable y la rebeldía tiene un precio que pagar. Yo ya lo sabía y lo asumo con gusto.
Una vez más se demuestra que la censura la ejercen los que le reconocen una utilidad. Miguel Barroso, a quien he denunciado en todas sus prácticas obscenas, está detrás de esta medida. Preparando la ascensión de su mujer, Carme Chacón, a la cúpula del PSOE y a la candidatura a la presidencia del Gobierno.

Limpiando territorio. Quienes quieran bucear en la hemeroteca que miren el papelazo que le tocó hacer a Sopena después de que yo publicara un artículo sobre los manejos de Barroso y él se viera en la obligación de hacer un panegírico al día siguiente. La servidumbre no admite excepciones.
No tengo constancia de que Iberdrola o Repsol, patrocinadores de El Plural, hayan tenido que ver en mi despido. Pero no creo que les haya gustado mucho que haya recordado que los presidentes de estas dos compañías van a ganar este año ocho millones y medio de Euros. (casi mil quinientos millones de pesetas). Nadie podrá enseñar un artículo de Sopena criticando esa obscenidad, todavía más en tiempos de crisis. El PSOE y el Gobierno le proporcionaron esos patrocinadores, que es una forma de comprar sus silencios. Que tenga suerte Sopena cuando Rajoy llegue al poder.

La suerte de José Luis Rodríguez Zapatero está muy vinculada a la forma incondicional que le defiende Sopena, que ha descubierto que la obligación mayor de un periodista es criticar a la oposición y no ver mácula en el Gobierno, cuando es el que le permite vivir con unos ingresos altos.
Ahora tendré que ajustar mi sistema de vida porque voy a ganar menos dinero. Pero es mucho más fácil ajustar los ingresos que ajustar la conciencia.

Siento un enorme desprecio por Sopena por lo que significa de demostración de que los comisarios políticos todavía tienen vigencia. A él seguro que no le cuesta conciliar el sueño, porque desde su época del Opus Dei está acostumbrado a compatibilizar su conciencia con sus intereses.
Pero lo que está claro es que Sopena no es el problema ni yo la víctima. Sopena es el síntoma de la esclavitud intelectual que sigue dando réditos y yo soy un electrón libre que le ha amargado la vida por lo menos desde hace más de un año. El tiempo que ha necesitado para reunir coraje para despedirme. ¡Enhorabuena, campeón¡ Al final has reunido coraje para echarme y seguro que hay quien te lo vaya a agradecer.

JOOOOOOOOOOODER !!

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