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26 jul. 2011

LA EXPLOSIÓN DE LA EXTREMA DERECHA


FUENTE: COLPISA / DIARIO DE MALLORCA / por ANTONIO PAPELL

En los países del Norte de Europa, los más acomodados del continente, dotados de un acogedor estado de bienestar y de un envidiable nivel de vida, se ha registrado recientemente un ascenso exorbitante de la extrema derecha que ha merecido comentarios y análisis más académicos que realistas y que, hasta cierto punto, llevaba implícito el estallido noruego, que no ha sido más que la reconcentración explosiva de la grave patología que asomaba por medio de actitudes diametralmente opuestas a los fundamentos de nuestra democracia, la magna herencia de los procesos revolucionarios del XVIII y el compendio moral de siglos de civilización.

Como es conocido, el individuo de rasgos inequívocamente arios que colocó el coche bomba en la sede del gobierno noruego en Oslo y masacró a una muchedumbre de jóvenes socialdemócratas en la irla de Utoya, con un saldo global de más de noventa muertos, se ha definido a sí mismo como "nacionalista y detractor del Islam". Fundamentalista cristiano, se sentía "perseguido" por sus creencias, de modo semejante a los judíos o a las víctimas de la inquisición. Y presumía de principios, como lo prueba el hecho de que colgara en Twitter una célebre frase de Suart Mill: "una persona con una creencia tiene la fuerza de cien mil que sólo tienen un interés". Hijo de una familia acaudalada de banqueros, perteneció por un tiempo al ultraderechista Partido del Progreso (FrP) y llegó a ser responsable local juvenil entre 2002 y 2004, antes de ser expulsado. Beligerante antimulticulturalista, enemigo del Islam y del marxismo cultural, tuvo activa presencia en las redes sociales, en las que elogió al líder ultraderechista holandés Geert Wilders, recientemente absuelto de la acusación de incitar el odio racial. En Facebook declaró una confusas simpatías ideológicas, en las que junto a Orwell estaban también Kafka y Kant. También participaba en foros racistas como "document.no" y Nordisk. Aparentemente integrado, el comprensivo Estado noruego le permitió poseer un verdadero arsenal de armas de fuego.

El auge del radicalismo racista y filonazi en los países nórdicos es conocido: en Suecia, paradigma del progresismo, un partido de extrema derecha, Demócratas de Suecia (SD), ingresó por primera vez, con el 5,7%, en el Parlamento en las últimas elecciones legislativas de septiembre pasado. En Dinamarca, la ultraderecha ha pasado en una década de no ser perceptible a participar en el Gobierno y forzar, por ejemplo, la reversión de Shengen. En Finlandia, el grupo Verdaderos Finlandeses, con el 19%, fue la tercera fuerza y la clave de la gobernabilidad. Y en Noruega, el extremista Partido del Progreso, del que fue expulsado el criminal Ander Behring por radical, es actualmente la segunda fuerza política.

En las elecciones europeas de junio de 2009, la extrema derecha logró un porcentaje de votos de dos dígitos en siete Estados miembros (Países Bajos, Bélgica, Dinamarca, Hungría, Austria, Bulgaria e Italia), y un porcentaje entre un 5 y un 10% en seis otros Estados (Finlandia, Rumania, Grecia, Francia, Reino Unido y Eslovaquia).

La amenaza ya no es sólo teórica. Noruega somos todos. La Unión Europea no puede mirar hacia otro lado ante esta creciente amenaza interior, que requiere medidas cautelares potentes y, sobre todo, un rearme intelectual, político y moral de los grandes partidos.
 
YO POR MI PARTE, ME CAGO EN EL MSR

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