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4 oct. 2013

UNITED FAILED STATES OF AMERICA

UFSA: United Failed States of America

Una vez más, la Administración norteamericana tiene que cerrar algunas de sus puertas por el ‘shutdown’ provocado por la falta de acuerdo entre las dos cámaras del Congreso y que dejará sin sueldo y trabajo a no menos de 800.000 de funcionarios. También hay que decir que una vez más los republicanos intentan utilizar su control de la Cámara de Representantes para imponer a Obama un giro en su política, en este caso en relación a la aplicación de la reforma sanitaria. A los republicanos no les importa perder elecciones, como ocurrió en noviembre del año pasado. Siempre se comportan como si el veredicto de las urnas (en un sistema presidencialista) fuera un detalle menor que en el fondo no tiene tanta importancia.
En otros países, si ganas las elecciones con la mayoría suficiente, tienes derecho a aplicar el programa con el que te has presentado a las urnas. Esa es la idea aproximada de la democracia. En un régimen presidencialista, aún con más razón, aunque el legislativo conserva sus competencias en cualquier caso. Como ocurrió en Francia, elecciones diferentes pueden dar lugar a resultados opuestos, y ahí el sistema tiene que poner a prueba todos sus mecanismos. Chirac tuvo que aceptar una cohabitación con el socialista Jospin como primer ministro y en el camino aceptar que algunos aspectos de la política económica dependían más del Gobierno que de él. En otros aspectos, como la política exterior y la defensa, él seguía siendo el rey presidente.
Cada país tiene su funcionamiento peculiar. EEUU no es un régimen parlamentario, pero sus dos cámaras legislativas cuentan con importantes competencias de las que el presidente no se puede olvidar. Pero si el presidente lleva al Congreso un proyecto de ley y este es finalmente aprobado, se supone que este pasa a ser la ley que todos están obligados a cumplir. Un proyecto tan complejo como la reforma del sistema de sanidad no se puede aplicar de forma automática y lo que los republicanos llamaban de forma despectiva Obamacare contenía varias disposiciones que se irían haciendo realidad con el paso del tiempo y en función de ciertas asignaciones presupuestarias.
Ahora los republicanos no quieren permitir eso y, un poco como la célebre portada de National Lampoon, amenazan con pegar un disparo a la Administración si no se atienden sus deseos.
Como dice James Fallows, se trata más de una disputa interna en el Partido Republicano que un duelo entre los dos partidos. Por mucho que periódicamente aparezcan encuestas nacionales según las cuales el Tea Party pierde apoyos, la mayor parte de los republicanos en la Cámara de Representantes cree que debe actuar como una fuerza insurgente para dificultar el funcionamiento de esa maquinaria opresora que es el Gobierno federal cuando está en manos de un demócrata.
El presidente de la Cámara es un republicano que no cree ahora que haya que jugar al todo o nada, pero los líderes republicanos no tienen los votos para adoptar una postura más razonable, porque una norma interna les obliga a no presentar una resolución que no pueda aprobarse con los votos propios. Si para ello necesitan del apoyo demócrata, eso es anatema.
El impacto económico inmediato del cierre no será espectacular, excepto para los funcionarios que se queden temporalmente sin empleo y sueldo o para aquellos (controladores aéreos, personal de prisiones y de la Policía de Fronteras) que están obligados a presentarse en sus puestos pero sin cobrar, aunque cuando todo se resuelva percibirán lo que se les debe.
La cosa cambiará cuando en torno al 17 de octubre, y si la situación no se ha solucionado para entonces, cuando al Tesoro se le acabe el dinero al no haberse aumentado el techo de deuda. Sin más endeudamiento permitido por el Congreso, eso conduciría al país a la suspensión de pagos.
Algunos gobernadores republicanos son conscientes del daño que puede provocar el cierre parcial de la Administración en sus estados. Son además el mejor ‘material presidencial’ con que cuenta su partido de cara a las próximas elecciones de 2016. Y son también gente que recuerda que los republicanos no salieron muy bien parados del duelo entre Bill Clinton y Newt Gingrich en 1995, el cierre federal que duró 22 días. En pocas palabras: Clinton fue reelegido.
En este caso, Obama no se presenta a las próximas elecciones, pero eso hace que el drama le afecte aún menos. Él no se juega la reelección y esta vez no tiene por qué ceder de forma evidente. No parece que se haya implicado mucho en estas últimas negociaciones. Le sirve con adjudicar toda la responsabilidad al otro partido. Su índice de apoyo en los sondeos es negativo, e incluso así puede mirar por encima del hombro a los congresistas. Estos últimos –como colectivo, el apoyo a cada legislador es un asunto diferente– sufren desde hace muchos años de cifras vergonzosasen las encuestas.
Es una situación tan absurda que es mejor recurrir a un titular de The Onion: New Poll Finds Americans View Death Of Close Relative More Favorably Than Congress.
Foto del presidente de la Cámara de Representantes, el republicano John Boehner.

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