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17 jun. 2012

SÓLO HAY DOS CAMINOS, Y UNO LLEVA AL DESASTRE

FUENTE: www.elperiodico.com

Solo hay dos futuros para Europa y cualquiera de los dos llegará pronto. O Alemania quita el freno de mano y permite una verdadera unión económica que garantice la solvencia de los países miembros y de sus sistemas financieros; o el euro se rompe, vuelven la peseta, el dracma, la lira y el marco, con unas consecuencias durísimas para todos, también para Alemania. Hace falta que los países del sur cumplan con sus cuentas públicas, pero también una Europa solidaria con un Tesoro común que proteja al euro: el que circula en Berlín y el que guardan en el colchón los aterrados atenienses. No queda ya ni mucho tiempo ni muchas más salidas.

Si Alemania y sus aliados del norte -por su dogmática tozudez ideológica- no abren la mano y permiten otras salidas, aunque eso implique algunos puntos de inflación en los países ricos y una devaluación del euro, la ruptura de la moneda única es más que probable. Si Alemania no permite otras políticas, tras el fracaso del rescate parcial a España viene el rescate completo. Y tras España, la siguiente en caer es Italia.
¿Es capaz Europa de aguantar a medio continente rescatado, intervenido y sin soberanía, enganchado a los fondos europeos y sin acceso a financiación privada porque está endeudado en una moneda que no controla, como lo estuvo Argentina con el dólar? Parece difícil. El sapo es demasiado grande si España y especialmente Italia quedan fuera de los mercados.

Además, el rescate con intervención parte de un diagnóstico equivocado: que solo con austeridad y recortes se puede acabar con la deuda. No es así. Han pasado ya dos años y ese modelo ha fracasado. También hace falta crecimiento. El déficit no baja en los países intervenidos y eso ya no puede ser solo culpa de los «irresponsables» griegos sino de quien ahora los gobierna: de la troika y sus recetas. Históricamente, solo se conocen tres formas de acabar con una crisis de deuda: una guerra, un impago o un aumento de la inflación. Descartada la guerra, cabe preguntarse cuál de las opciones prefiere Alemania. Y en qué moneda.

IGNACIO ESCOLAR

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