RADIO WICHARD
11 oct 2012
8 oct 2012
LUZ DE GAS
FUENTE: www.elpais.es
Todos los días nos hacen luz de gas, pero por desgracia, el sufrimiento de los españoles no es una película
Todos los días nos hacen luz de gas, pero por desgracia, el sufrimiento de los españoles no es una película
En la versión que Cukor rodó en 1944, Ingrid Bergman no prueba bocado
mientras su marido ataca la cena con apetito. Sobre sus cabezas, la
intensidad de la luz que emiten las lámparas de gas crece solo para
descender enseguida y volver a subir sin motivo. Charles Boyer finge que
no ve nada, y se preocupa por las distorsionadas percepciones de su
esposa hasta que consigue que ella misma se convenza de que se está
volviendo loca. Ese es su objetivo, la razón por la que ha manipulado
las instalaciones de su casa.
Primero, la banca española era la más sólida de Europa. Después, no. Luego, incluso, era muy frágil. Cayeron los gigantes, se arruinaron los propietarios de preferentes, las cajas se convirtieron en bancos y con eso iba a haber de sobra, pero tampoco. Se nacionalizó con el dinero de todos a los que estaban peor, solo para que unos meses más tarde estuvieran mucho peor.
Y así llegamos al rescate bancario, el cuerno de la abundancia que el mismísimo Rajoy exigió en Bruselas por el bien de todos los españoles, aunque resultó que dependía de unas laboriosas auditorías. Cuando esas auditorias terminaron, nos contaron que su resultado era mucho mejor que lo esperado. Y entonces, justo entonces, se empezó a hablar de un segundo rescate.
La luz sube y baja sobre nuestras cabezas mientras el Gobierno insiste en que no vemos bien, en que ellos hacen lo correcto y no hay motivos para protestar por la raquítica condición de una democracia que nos está dejando en cueros. Se alaban actuaciones policiales propias de una dictadura, se infiltran provocadores en convocatorias pacíficas para criminalizar a los manifestantes, y se insulta sin rubor a quienes, como el juez Pedraz, denuncian el deterioro de las instituciones. Todos los días nos hacen luz de gas, pero por desgracia, el sufrimiento de los españoles no es una película.
ALMUDENA GRANDES, SÍ... ERES MUY GRANDE !!
Primero, la banca española era la más sólida de Europa. Después, no. Luego, incluso, era muy frágil. Cayeron los gigantes, se arruinaron los propietarios de preferentes, las cajas se convirtieron en bancos y con eso iba a haber de sobra, pero tampoco. Se nacionalizó con el dinero de todos a los que estaban peor, solo para que unos meses más tarde estuvieran mucho peor.
Y así llegamos al rescate bancario, el cuerno de la abundancia que el mismísimo Rajoy exigió en Bruselas por el bien de todos los españoles, aunque resultó que dependía de unas laboriosas auditorías. Cuando esas auditorias terminaron, nos contaron que su resultado era mucho mejor que lo esperado. Y entonces, justo entonces, se empezó a hablar de un segundo rescate.
La luz sube y baja sobre nuestras cabezas mientras el Gobierno insiste en que no vemos bien, en que ellos hacen lo correcto y no hay motivos para protestar por la raquítica condición de una democracia que nos está dejando en cueros. Se alaban actuaciones policiales propias de una dictadura, se infiltran provocadores en convocatorias pacíficas para criminalizar a los manifestantes, y se insulta sin rubor a quienes, como el juez Pedraz, denuncian el deterioro de las instituciones. Todos los días nos hacen luz de gas, pero por desgracia, el sufrimiento de los españoles no es una película.
ALMUDENA GRANDES, SÍ... ERES MUY GRANDE !!
7 oct 2012
UNA LOCURA
FUENTE: www.elpais.com
Por los presupuestos locos no se apuren, ya los he firmado, pero el Gobierno debería echarme una mano lista para que me parezcan cuerdos
Tras hacer cuentas para cerrar mis presupuestos domésticos, he
decidido dar un recorte serio a la partida que venía dedicando a la
educación de mis hijos. Que sean autodidactas, como yo. Voy a dedicar
menos dinero también a la alimentación familiar. Que se coman un bocata
de chóped a mediodía y luego, en casa, unas acelgas rehogadas. Lo de ir
al médico cada dos por tres se ha acabado. Si salen con los dientes
torcidos, que aprendan a masticar en diagonal. Y si tienen dioptrías,
que guiñen los ojos.
El dinero que ahorre recortando estas partidas se lo regalaré, a través del Ministerio de Hacienda, al mismo banco que estuvo a punto de arruinarme vendiéndome productos basura, tipo acciones preferentes, o cobrándome comisiones abusivas, y que luego se arruinó a sí mismo al dejar que sus directivos metieran la mano en la caja alegremente y se largaran con indemnizaciones de cientos de millones de euros, que no sé traducir en pesetas porque ya he dicho que soy autodidacta. Después acudiré al mismo banco al que le he regalado el dinero de la educación de mis hijos y de su alimentación y de su salud, para pedirle un préstamo a alto interés con el que me compraré una bicicleta estática y un iPhone 5 que no necesito. Lo hago por solidaridad, para que fluya el crédito, como el que chupa del tubito colocado en el bidón para que empiece a salir la gasolina.
Ya sé que regalarle dinero al banco para que el banco me lo preste no tiene sentido, pero si logro convencerme de que es lo sensato dejaré de acudir a las manifestaciones del 25-S, donde de repente una mano tonta te saca del grupo, te lleva ante el juez y te caen cuatro años por sedición. Y encima condecoran a la mano tonta. Por los presupuestos locos no se apuren, ya los he firmado, pero el Gobierno debería echarme una mano lista para que me parezcan cuerdos.
Juan José Millás
Por los presupuestos locos no se apuren, ya los he firmado, pero el Gobierno debería echarme una mano lista para que me parezcan cuerdos
El dinero que ahorre recortando estas partidas se lo regalaré, a través del Ministerio de Hacienda, al mismo banco que estuvo a punto de arruinarme vendiéndome productos basura, tipo acciones preferentes, o cobrándome comisiones abusivas, y que luego se arruinó a sí mismo al dejar que sus directivos metieran la mano en la caja alegremente y se largaran con indemnizaciones de cientos de millones de euros, que no sé traducir en pesetas porque ya he dicho que soy autodidacta. Después acudiré al mismo banco al que le he regalado el dinero de la educación de mis hijos y de su alimentación y de su salud, para pedirle un préstamo a alto interés con el que me compraré una bicicleta estática y un iPhone 5 que no necesito. Lo hago por solidaridad, para que fluya el crédito, como el que chupa del tubito colocado en el bidón para que empiece a salir la gasolina.
Ya sé que regalarle dinero al banco para que el banco me lo preste no tiene sentido, pero si logro convencerme de que es lo sensato dejaré de acudir a las manifestaciones del 25-S, donde de repente una mano tonta te saca del grupo, te lleva ante el juez y te caen cuatro años por sedición. Y encima condecoran a la mano tonta. Por los presupuestos locos no se apuren, ya los he firmado, pero el Gobierno debería echarme una mano lista para que me parezcan cuerdos.
Juan José Millás
VOTEMOS POR MR. MARSHALL
FUENTE: http://blogs.publico.es/juanjosetellez/2012/10/07/votemos-por-mr-marshall/
El candidato Romney no quiere seguir el camino de España. Pero España no debería seguir el camino de Romney. Ni el de Obama. Llevamos sesenta años haciéndolo y lo único que hemos conseguido es venderle a la Casa Blanca más soberanía que al Bundesbank. Esta misma semana le hemos prorrogado el acuerdo para que puedan seguir utilizando Rota y Morón como si fueran un portaviones a orillas del mediterráneo: puro Irak y Libia, pura Siria o Irán, sin Palestina que valga; de la primavera al otoño árabe en un plisplás, como ha vuelto a alertar el sabio Pedro Martínez Montávez durante la reunión de la sociedad española de arabistas que ha tenido lugar en Sevilla.
Puro Israel en suma, ¿a qué engañarnos?, cuando el voto judío, el afroamericano, el italiano, el irlandés, el griego o el hispano que vino del sur de América, pueden poner la Casa Blanca en bandeja. Al Premio Nobel de la Paz le faltó tiempo para mirar hacia otro lado cuando masacraban niños en la franja de Gaza. Y no creo que Romney fuera a darle cuartelillo al relator de la comisión de Derechos Humanos de Naciones Unidas y poner en cuestión la tortura que sigue practicándose en Marruecos. Con su rey y su primer ministro, por cierto, se entrevistó Mariano Rajoy esta semana cuando los euros y la diplomacia tapaban las banderas patrias sobre el Peñón de El Perejil o el de Vélez de la Gomera. ¿Será que ya no se habla del Sáhara porque el Tío Sam construye una base en Tan Tan para combatir a los forajidos de Al Qaeda del Magreb Islámico?
Pepe Isbert sigue dando un discurso eterno mientras el escudo antimisiles cruza a las afueras del pueblo para impedir que un exocet de segunda mano irrumpa en nuestros desayunos de café con churros. Seguiremos esperando la leche en polvo del Pentágono, mientras que en esa Andalucía que bate plusmarcas de paro y a cuya Junta estrangula económicamente el gobierno central, Rota aguarda a que llegue una muchedumbre de marines para alquilarle a buen precio las casas vacías a partir del bluff inmobiliario.
Con el sistema Aegis, la vieja España sin huertos, sin melón ni calabaza, quizá desee que se multipliquen otra vez como panes y peces las licencias de taxis e incluso las güisquerías. Sin importar demasiado que cualquier muyaidín venga a inmolarse por ello hasta El Puerto de Santa María o que la próxima feria de Chipiona termine acaso con un castillo de fuegos artificiales tras la explosión del reactor atómico de cualquiera de los cuatro buques que nos enviará el Pentágono; cargados, eso sí, con cientos de esos gorros tan chic de Frank Sinatra y de Gene Kelly, de las películas de Fassbinder, de los anuncios de perfume o de camareros de La Sureña.
Las encuestas dicen que ya no nos ponen ni PP ni PSOE. Votemos entonces a Mr. Marshall, cambiemos la ceja por un asno y las gaviotas por un elefante. Pídámosle asilo político a la Reserva Federal o al depósito de lingotes de Fort Knox y quizá logremos que la delegada Cifuentes herede el gobierno de California de manos de Schwartzeneger. Y como aquello ya es un estado federal, quizá Artur Mas podría declarar a Cataluña como Estado Libre Asociado. Más bien veo a los legionarios de Cristo conviviendo con los Amish. Allí, al menos, todavía se ruedan películas y se conceden becas, aunque la seguridad social es muy parecida a la que nos están dejando. Cantaremos barras y estrellas, un himno que al menos tiene letra. Y juraremos su Constitución republicana, con todas sus enmiendas.
Aunque, sinceramente, no creo que el Séptimo de Caballería venga a defendernos de las bombas de racimo de Morenés, de las ventoleras de Ruiz Gallardón,, de Mayor Oreja o de los antidisturbios y que, probablemente, también en el Far West, condenen a Guantánamo o a las reservas indias a los pijos ácratas y a los sindicatos que hoy saltan a la calle contra los presupuestos infernales del Estado; a quienes coman bocadillos por la vía pública y a quienes no puedan ni siquiera comerlos; a quienes se manifiesten ante la Cámara de Representantes o a los jueces que pretendan investigar los crímenes del general Custer.
Votemos por Mr. Marshall. No admitan imitaciones ni franquicias. Así, al menos, en los debates televisados, los candidatos dejarían de hablar mal de España, por la simple razón de que también necesitarían nuestros votos. Como allí los congresistas cobran, será una pena perdernos, eso sí, a María Dolores de Cospedal asistiendo de mantilla a esas ceremonias tan raras que tienen lugar en Washington y en Andalucía: comisiones de investigación, creo que les llaman.
Lo peor, sin duda, sería despertarnos sin saber a ciencia cierta donde queda ese país que ahora le toque defender a nuestros muchachos o preguntándonos si tal vez, en el fondo, también hemos llegado tarde para nacionalizarnos como estadounidenses. Lo mismo tendríamos que mirar a China, que ahora manda casi tanto como las trasnacionales y las corporaciones financieras. Habría que votar poco, eso sí. Pero al menos el gobierno de Pekín nos concedería un crédito blando para poner un bazar de todo a un euro; incluyendo nuestra dignidad, nuestra esperanza, los siglos de lucha obrera y esos últimos treinta años en que hemos creído ese formidable cuento chino de que estábamos construyendo una democracia.
JUAN JOSÉ TÉLLEZ
El candidato Romney no quiere seguir el camino de España. Pero España no debería seguir el camino de Romney. Ni el de Obama. Llevamos sesenta años haciéndolo y lo único que hemos conseguido es venderle a la Casa Blanca más soberanía que al Bundesbank. Esta misma semana le hemos prorrogado el acuerdo para que puedan seguir utilizando Rota y Morón como si fueran un portaviones a orillas del mediterráneo: puro Irak y Libia, pura Siria o Irán, sin Palestina que valga; de la primavera al otoño árabe en un plisplás, como ha vuelto a alertar el sabio Pedro Martínez Montávez durante la reunión de la sociedad española de arabistas que ha tenido lugar en Sevilla.
Puro Israel en suma, ¿a qué engañarnos?, cuando el voto judío, el afroamericano, el italiano, el irlandés, el griego o el hispano que vino del sur de América, pueden poner la Casa Blanca en bandeja. Al Premio Nobel de la Paz le faltó tiempo para mirar hacia otro lado cuando masacraban niños en la franja de Gaza. Y no creo que Romney fuera a darle cuartelillo al relator de la comisión de Derechos Humanos de Naciones Unidas y poner en cuestión la tortura que sigue practicándose en Marruecos. Con su rey y su primer ministro, por cierto, se entrevistó Mariano Rajoy esta semana cuando los euros y la diplomacia tapaban las banderas patrias sobre el Peñón de El Perejil o el de Vélez de la Gomera. ¿Será que ya no se habla del Sáhara porque el Tío Sam construye una base en Tan Tan para combatir a los forajidos de Al Qaeda del Magreb Islámico?
Pepe Isbert sigue dando un discurso eterno mientras el escudo antimisiles cruza a las afueras del pueblo para impedir que un exocet de segunda mano irrumpa en nuestros desayunos de café con churros. Seguiremos esperando la leche en polvo del Pentágono, mientras que en esa Andalucía que bate plusmarcas de paro y a cuya Junta estrangula económicamente el gobierno central, Rota aguarda a que llegue una muchedumbre de marines para alquilarle a buen precio las casas vacías a partir del bluff inmobiliario.
Con el sistema Aegis, la vieja España sin huertos, sin melón ni calabaza, quizá desee que se multipliquen otra vez como panes y peces las licencias de taxis e incluso las güisquerías. Sin importar demasiado que cualquier muyaidín venga a inmolarse por ello hasta El Puerto de Santa María o que la próxima feria de Chipiona termine acaso con un castillo de fuegos artificiales tras la explosión del reactor atómico de cualquiera de los cuatro buques que nos enviará el Pentágono; cargados, eso sí, con cientos de esos gorros tan chic de Frank Sinatra y de Gene Kelly, de las películas de Fassbinder, de los anuncios de perfume o de camareros de La Sureña.
Las encuestas dicen que ya no nos ponen ni PP ni PSOE. Votemos entonces a Mr. Marshall, cambiemos la ceja por un asno y las gaviotas por un elefante. Pídámosle asilo político a la Reserva Federal o al depósito de lingotes de Fort Knox y quizá logremos que la delegada Cifuentes herede el gobierno de California de manos de Schwartzeneger. Y como aquello ya es un estado federal, quizá Artur Mas podría declarar a Cataluña como Estado Libre Asociado. Más bien veo a los legionarios de Cristo conviviendo con los Amish. Allí, al menos, todavía se ruedan películas y se conceden becas, aunque la seguridad social es muy parecida a la que nos están dejando. Cantaremos barras y estrellas, un himno que al menos tiene letra. Y juraremos su Constitución republicana, con todas sus enmiendas.
Aunque, sinceramente, no creo que el Séptimo de Caballería venga a defendernos de las bombas de racimo de Morenés, de las ventoleras de Ruiz Gallardón,, de Mayor Oreja o de los antidisturbios y que, probablemente, también en el Far West, condenen a Guantánamo o a las reservas indias a los pijos ácratas y a los sindicatos que hoy saltan a la calle contra los presupuestos infernales del Estado; a quienes coman bocadillos por la vía pública y a quienes no puedan ni siquiera comerlos; a quienes se manifiesten ante la Cámara de Representantes o a los jueces que pretendan investigar los crímenes del general Custer.
Votemos por Mr. Marshall. No admitan imitaciones ni franquicias. Así, al menos, en los debates televisados, los candidatos dejarían de hablar mal de España, por la simple razón de que también necesitarían nuestros votos. Como allí los congresistas cobran, será una pena perdernos, eso sí, a María Dolores de Cospedal asistiendo de mantilla a esas ceremonias tan raras que tienen lugar en Washington y en Andalucía: comisiones de investigación, creo que les llaman.
Lo peor, sin duda, sería despertarnos sin saber a ciencia cierta donde queda ese país que ahora le toque defender a nuestros muchachos o preguntándonos si tal vez, en el fondo, también hemos llegado tarde para nacionalizarnos como estadounidenses. Lo mismo tendríamos que mirar a China, que ahora manda casi tanto como las trasnacionales y las corporaciones financieras. Habría que votar poco, eso sí. Pero al menos el gobierno de Pekín nos concedería un crédito blando para poner un bazar de todo a un euro; incluyendo nuestra dignidad, nuestra esperanza, los siglos de lucha obrera y esos últimos treinta años en que hemos creído ese formidable cuento chino de que estábamos construyendo una democracia.
JUAN JOSÉ TÉLLEZ
1 oct 2012
CARTA ABIERTA A WERT
Excelentísimo Sr. Ministro:
Quizá
me conozca. Soy un abogado que se hizo relativamente conocido porque
mientras mis compañeros hacían cosas sin importancia como hablar en el
Congreso o en foros de renombre internacional yo salí en la tele
debatiendo con Merche y María del Monte. Después de este debate contra
el dream team y con el que toqué techo en mi carrera profesional, seguí
dedicándome a dar mi visión sobre una nueva forma de entender la
propiedad intelectual y a defender esa concepción en los tribunales.
Para que se sitúe y pueda encasillarme con facilidad, le diré que
algunos me consideran el típico abogado friki. Ya no sé por qué clase de
prejuicio, no sé si es porque llevo gafas, porque tengo un blog o
porque digo que mi toga me da más 3 de destreza.
El
motivo de la presente es comentarle algunos aspectos de la conocida como
Ley Sinde que usted ha terminado por impulsar definitivamente.
Quiero
contarle mi experiencia profesional para que pueda entender hasta qué
punto esta norma se burla del sistema jurídico que hemos construido
durante décadas.
Mis observaciones sobre la Ley Sinde-Wert son las siguientes:
1.- No hay juez que decida.
Déjeme explayarme en esta cuestión, por favor. Verá, desde el año 2006
vengo defendiendo junto a otros compañeros que un enlace no supone una
infracción de un derecho de propiedad intelectual. No voy a entrar en
detalles jurídicos para no aburrirle pero, básicamente, la razón es que
un enlace no supone la copia ni la puesta a disposición de una copia de
una obra intelectual y la ley exige una u otra de esas acciones para que
exista vulneración. Los jueces comenzaron a darnos la razón en
múltiples resoluciones, reconocidas ya como doctrina mayoritaria por el
propio Consejo General del Poder Judicial. Ni que decir tiene que estas
resoluciones molestaron a la industria, que llevaba años intentando que
prosperasen sus denuncias contra páginas de enlaces en una operación que
llamaron pomposamente como la más importante contra la piratería en
toda Europa.
Pese a la excitación de la industria, esa operación quedó
en nada y los jueces no llevaron los asuntos ni a juicio por lo claro
que tenían que la actividad denunciada no era delictiva.
La industria, enfadada con los jueces, comenzó a sugerir que estos
carecían de toda preparación porque sus postulados jurídicos no
coincidían con los sostenidos por David Bisbal. Tras perder también los
recursos y opinar que fue debido a, y cito literalmente, una muestra más
de la ignorancia que reina en nuestro país sobre propiedad intelectual,
la industria comenzó a presionar al anterior gobierno para que
impulsara la que ahora se conoce como Ley Sinde y de la que usted es
corresponsable.
El gobierno anterior no se anduvo con
chiquitas y harto de hacer de intermediario, fue por la vía rápida y
nombró Ministra de Cultura directamente a la presidenta de la Academia
de Cine. La Ministra, como usted sabe, impulsó la Ley que lleva su
apellido y que, básicamente, consiste en que ahora quien decide sobre si
una de esas webs vulnera o no la propiedad intelectual no son los
jueces, que no daban ni una, sino una Comisión del propio Ministerio de
Cultura, que en su día aplaudió las detenciones.
El
truco de quitar de en medio al árbitro y poner a uno de la casa era tan
burdo que la gente, menos tonta de lo que ustedes y Jorge Javier Vázquez
presumen, se indignó por el atajo tomado. Fue entonces cuando la
Ministra Sinde aseguró a través de todos los medios de comunicación que,
en atención a las protestas, introducirían un juez para que decidiera.
Pero no era cierto. Introdujeron a un juez pero únicamente para que
ejecutara una decisión ya tomada por otros y además solo en el caso de
que la web en cuestión se negara a cumplirla voluntariamente. Lo
advertimos, pero nadie nos hizo caso.
Antes era una
discusión teórica pero ahora se lo puedo decir con el aval que da la
práctica: en el día en el que escribo estas líneas he recibido una
resolución definitiva de la Comisión Sinde y puedo asegurarle que no he
visto un juez por ninguna parte. El reglamento ya dejaba claro este
punto para el que quisiera leerlo pero por desgracia los periodistas no
quisieron porque para explicarles lo que decía la ley ya les tenían a
ustedes, conocidos por su inquebrantable compromiso con la verdad.
¿Con qué clase de radicales de la industria se han reunido ustedes para
que les convenzan de que es una buena idea quitar de en medio a los
jueces que no les dan la razón? ¿En serio les convenció alguien como el
abogado de EGEDA que dijo que haciendo un paralelismo con los que
descargan está de acuerdo con la frase de Mcarthy de que "un solo
comunista en el Senado es demasiado"? O el expresidente de la Coalición
de Creadores y máximo impulsor de la Ley Sinde que dijo en un estado de
excitación friki sin parangón que él representa "el lado oscuro de la
fuerza de la industria cultural de este país". ¿Este es el tipo de
persona que se sienta en una reunión y les convence a ustedes? La
verdad, yo no es solo que no me los tomaría en serio es que ni siquiera
me sentaría en la misma mesa que ellos sin mi pistola de dardos
paralizantes.
2.- Hablar con la Comisión Sinde apenas es posible.
No solo no hay juez que decida, sino que alegar ante la Comisión Sinde
es sumamente difícil. Resulta que ustedes, que son muy modernos, han
pensado que nos ponía en la vanguardia prohibir que presentemos nuestras
alegaciones en obsoleto y anticuado papel para que todos los trámites
se hagan a través de internet. Eso estaría relativamente bien si, al
menos, el sistema funcionara a la perfección pero creáme que no es así.
He pasado noches en vela para superar todas las pruebas, enigmas y
puzles que han puesto a mi paso para conseguir realizar el envío de
escritos. Me pareció un gran reto a superar, por ejemplo, ese de
adivinar que mis escritos no se podían enviar porque mi firefox estaba
demasiado actualizado. Maravilloso.
El problema no es que su sistema
está anticuado, el problema soy yo, que voy de modernito. También envié
mis alegaciones a través de su web y me las rechazó porque tienen algo
así como un limitador de caracteres. ¿Un procedimiento sin juez que
además cuenta el número de caracteres para que no me enrrolle? A eso le
llamo yo derecho a la defensa. De todas formas creo que su limitador de
caracteres da demasiada manga ancha y todavía nos deja hablar demasiado.
Creo que en la próxima versión deberían adaptarse definitivamente a las
modas y obligarnos a defendernos de las acusaciones de la industria por
medio de un tweet.
3.- ¿Quienes integran la Comisión Sinde?
Aunque parezca mentira, todavía no sabemos quién compone esa Comisión
secreta que está decidiendo sobre nuestros asuntos. He preguntado, he
ejercido mi derecho a conocer a quién me estoy dirigiendo, quién lee mis
escritos y decide sobre ellos, pero nadie me ha contestado, saltándose
así lo dispuesto en la ley. Como comprenderá es indispensable saber
quién está en la Comisión, no solo para poder ejercer nuestro derecho a
recusar a aquellos que detectemos tienen interés en el resultado del
procedimiento, sino incluso para adaptar el tono de nuestro discurso en
función de sus conocimientos. Dado que el reglamento ni siquiera impone
el requisito de que los miembros de la Comisión sean juristas titulados,
es lógico que nos interese saber si aquellos a los que estamos hablando
entienden una sola palabra de lo que estamos diciendo. Cuando dicen que
en la Comisión hay funcionarios con conocimientos en la materia, ¿a qué
se refiere? ¿Se refiere a un especialista en la materia, a alguien que
está al menos licenciado en Derecho o más bien significa que se sienta
allí Pilar Rahola, que seguro que de esto también sabe? No me entienda
mal, estoy seguro de que habrán escogido a los mejores en función de su
verdadera valía, que esto no es tan fácil como llegar a ser tertuliana
de TVE, pero aun así necesitamos sus nombres.
4.- Su Ley no sirve para nada.
Dice usted que una ley de propiedad intelectual queda obsoleta a los
tres meses. Yo soy de aquellos que piensan que si para conseguir que la
gente no descargue música tienen que sacar una ley nueva cada tres
meses, entonces es que es el momento de pensar en otra cosa. Sí, soy un
radical.
Además pienso que una Ley de Propiedad
Intelectual efectivamente queda obsoleta a los tres meses. Pero no a los
tres meses de entrar en vigor sino a los tres meses desde que ustedes
se sientan y empiezan a pensar en ella. Cuando entra en vigor ya hacía
tiempo que no servía para nada y que internet ya estaba en otra cosa. De
verdad, saquen bandera blanca y empiecen a pensar en un sistema de
remuneración para paliar los efectos de las descargas y no en el ya
demostrado inexistente mecanismo legal para frenarlas.
Su ley no puede ser más inútil. Le pondré un ejemplo: una entidad de
gestión inicia el procedimiento y para ello aporta toda clase de
documentos con alegaciones y pruebas de titularidad sobre obras. Han
pasado seis meses y todavía no hay resolución. ¿Que qué pretenden con
todo esto? ¿A qué aspiran? A que la web retire tres enlaces. Haga
cuentas y verá que no salen. Han apartado a los jueces, han vulnerado o
como mínimo inquietado nuestro derecho a la defensa, ponen en riesgo la
libertad de expresión, y todo para nada. ¿Cuál es el plan ahora de sus
brillantes asesores de la industria? ¿Otra ley dentro de tres meses?
¿Las van a ir publicando trimestralmente? ¿Hay algún sitio en el que
poder suscribirnos para que nos lleguen todos los números?
Déjeme despedirme con una adaptación que he hecho de un cuento que oí
una vez a un grupo de teatro. Con él pretendo resumirle brevemente lo
que es la Ley que popularmente lleva su nombre, para que sepa bien
debajo de qué norma está usted firmando. Dice así:
La
industria del copyright movió un dedo y se enviaron cartas advirtiendo
de acciones legales. Cuando las cartas se ignoraron, la industria movió
un dedo y se interpusieron las acciones judiciales. Cuando los jueces
resolvieron en favor de denunciados y demandados, la industria movió un
dedo y se recurrieron las resoluciones. Cuando volvieron a perder en los
juzgados, la industria movió un dedo y desaparecieron los jueces.
DAVID BRAVO
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