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12 jul 2012

LOS RECORTES MÁS DUROS DE LA DEMOCRACIA

La economía, si quiere ser respetada como ciencia, debe ser capaz de analizar el impacto de las medidas que implementa sobre el devenir humano. Es decir, no se puede tratar a los seres humanos como meras mercancías que son inertes a los impactos en su capacidad económica y por ende en su bienestar material y humano.

Esta búsqueda del bienestar de los administrados debe ir acompañada por una lucha contra la desigualdad de oportunidades, lo que garantiza una cohesión social imprescindible para poder crecer de forma sostenible y equilibrada. Esto es lo que a la postre facilita el imprescindible ascensor social que hace engordar las clase medias de un país, y limita la distancia entre percentiles de renta de la distribución de un país.
Cuando se rompe el dique que sustenta a las clases medias, se produce un boquete que genera un abismo entre las clases dominantes y económicamente acomodadas, y la nueva clase pobre, que ahora se convierte en la clase mayoritaria. Esta ruptura reabre una guerra entre clases que donde se produce solo genera más pobreza, exclusión social e incluso violencia, como se ha podido ver recientemente en Grecia, Portugal o Irlanda. Este fenómeno es el que ya se está empezando a producir en España, fruto de los diversos paquetes de medidas implementadas por el Gobierno de Rajoy, aunque una parte se iniciaron con los espasmos de Zapatero, en su triste epitafio del 10 de Mayo de 2012.

Este resurgir de la lucha de clases se asienta en la madre de todas las batallas  que se libra actualmente, como es la de los acreedores contra los deudores. Esta confrontación, dirigida y pilotada por el poder fáctico financiero, está sustentada en que este sector no quiere pagar su parte de factura en la crisis, y está obligando a los Gobiernos a extraer rentas privadas y públicas para trasvasarlas hacia la banca y aledaños y así sufragar las deudas bancarias íntegramente y paliar la pérdida de rentabilidad.

La constatación de este poder es cómo el sector financiero ha tomado el poder político en la mayor parte de países europeos, siendo en España el Ministro de Economía el delegado del sector financiero. Pero esta toma de poder no solo se deja notar en los equipos de gobierno, sino también en medios de comunicación, grandes empresas y lobbys supuestamente académicos, como el que representa, por ejemplo, FEDEA en España. Con estos apriorismos, el equipo de Rajoy ha sido obligado, como antes fue Zapatero, a leer el pregón de los recortes que consagran esta lucha de clases y suponen, de facto el desmantelamiento de la igualdad de oportunidades ante el acceso a los servicios básicos, y la carga de todo el ajuste fiscal y salarial sobre los percentiles medios y bajos de la distribución.
Desde una óptica fiscal, y tras la subida de tramos en el IRPF y la amnistía fiscal, tan inútil como inequitativa, la subida lineal del IVA puede ser la puntilla del consumo en los colectivos de mayor propensión al consumo. Si el equipo económico de Rajoy supiera, y fuese competente, sabría que en la fase del ciclo en la que estamos el incremento de la presión fiscal va a lastrar el consumo y condena a buena parte del sector productivo. Unos sencillos cálculos revelan que la subida del IVA reducirá el crecimiento en un 0,2% y por tanto una merma de la recaudación del 6%. Los sectores más afectados serán, sin duda, los de bienes duraderos, turismo, y comercio minorista. Junto a esto, surgen nuevas figuras impositivas sobre el medio ambiente y se incrementan los impuestos especiales. La única parte positiva tiene que ver con la derogación de la desgravación por compra de vivienda, un capricho del ministro Montoro.

La reducción de renta disponible, vía aumento de impuestos, se complementa con el enésimo ajuste sobre el sueldo de funcionarios, casi un 7%, amén de los proyectos de despidos masivos entre laborales y empleados de empresas públicas y la demagógica reducción de concejales, precisamente el segmento de representantes públicos que menor coste económico supone. De nuevo, se han equivocado, puesto que este segmento es de los pocos que pueden generar gasto en consumo, debido a su mayor propensión marginal al consumo.

Más dura, sin duda, es la reducción de la prestación por desempleo. Se reduce la cuantía a los seis meses en 10 puntos, del 60% al 50% y también en tiempo, de 24 meses a 18 meses. Esta medida, claramente de corte ideológico, muy influida por FEDEA, el lobby de cabecera, sataniza al parado como vago y presupone que la búsqueda de empleo se acelera por tener menor prestación, que no deja ser un derecho que sufraga en parte el trabajador. Esta medida supone, de facto, condenar a una buena parte de los parados a reducir su capacidad de compra en un 25%, y consagra la falsa percepción social de que los parados permanecen en esa condición por interés propio. Esto será particularmente duro para mayores de 45 años, cuyo tiempo medio para encontrar empleo, en los sectores menos formados, está por encima de los dos años y medio.

En conjunto, todos los recortes implementados se asientan en la máxima de la reducción de estudiantes universitarios en las Universidades Públicas, vía aumento de tasas, menores prestaciones farmacéuticas a rentas medias y bajas, mediante el copago a pensionistas, menor número de prestaciones por dependencia, y desempleo. Junto a esto, una apuesta por la deflación fiscal y salarial y repudio público e indiscriminado de todos los trabajadores y servicios públicos. El impacto macroeconómico de todo el paquete de recortes implementado se acerca al 2% del PIB, cifra muy parecida a las necesidades de capitalización real del sistema financiero, parece una casualidad, pero no lo es. Tristemente, esta pesadilla continuará. El agujero generado en la distribución de renta roza el 0,3 en el Índice de Gini, algo que no había ocurrido en la reciente historia económica.

  • «Deprimirá del todo la actividad de
    la economía y logrará, a no mucho tardar,
    el efecto contrario al que pretendía: bajar
    más el nivel de recaudación tributaria»
FÉLIX BORNSTEIN


REACCIONES EN EL CONGRESO


ESTUPOR.– Los diputados de IU, Gaspar Llamazares (en la primera fila), y del PSOE, Gracia Fernández Moya, se llevan las manos a la cabeza, mientras el también socialista José Enrique Serrano pone un gesto de asombro, ayer, al escuchar a Rajoy anunciar los recortes. / Ángel Díaz (Efe)
  • «Deprimirá del todo la actividad de
    la economía y logrará, a no mucho tardar,
    el efecto contrario al que pretendía: bajar
    más el nivel de recaudación tributaria»
ANA TUDELA FLORES

ENTUSIASMO.– Los diputados del Grupo Popular aplauden, puestos en pie, al presidente del Gobierno tras su discurso de ayer en el Pleno Extraordinario del Congreso durante el que anunció el paquete de recortes más duro en la historia de la democracia. / Foto: Ángel Díaz (Efe)
LOS APLAUSOS A LOS RECORTES
  • «Cuando la ministra de Trabajo del Gobierno italiano explicó los recortes no pudo reprimir las lágrimas. Cuando ayer Rajoy anunció en el Congreso el  mayor ataque al estado del bienestar sucedió
    algo muy parecido: la bancada popular
    se puso en pie e, igual que una jauría de arrogantes psicópatas, aplaudió a rabiar»
JAVIER PÉREZ DE ALBÉNIZ
LA RESPUESTA DE LOS SINDICATOS
  • La convocatoria de manifestaciones en toda España para ese día será la primera
    de una serie de  actuaciones que anuncian un verano movido, incluida la vuelta de
    los mineros a Madrid. Aseguran que solo regresan a sus casas para coger impulso
ANA TUDELA FLORES
REPRESIÓN POLICIAL EN LA CALLE

4 jul 2012

LA BATALLA DE CIÑERA (LEÓN)

FUENTE: www.eldiario.es/zonacritica Las protestas de los mineros leoneses derivaron ayer en una imagen inusual: los antidisturbios de la Guardia Civil ocuparon durante varias horas la localidad de Ciñera de Gordón. Por la mañana los trabajadores habían cortado la carretera N-630 y la línea férrea a Asturias para reclamar la continuación de las explotaciones mineras. Utilizaron señales de tráfico, quitamiedos de las carreteras, troncos y contenedores. El inicio de la marcha del carbón había reducido los cortes de carreteras en la última semana, que ayer volvieron a causa del fracaso de la reunión con el Ministerio de Industria, que confirmó el recorte de las subvenciones a la minería del carbón. Decenas de agentes entraron en el pueblo por varios puntos, lo que dio inicio a fuertes enfrentamientos con los mineros. Los vecinos denunciaron la agresividad de los guardias civiles “golpeando las puertas de las viviendas y apuntando a todo aquel que se les cruzara”. Los vecinos dejaron abiertas las puertas de sus casas para que los mineros se escondieran. Los agentes llegaron a entrar en los portales, pero no en las viviendas. Hubo dos detenidos. Los antidisturbios vigilaron las calles del pueblo y sus vías de acceso durante varias horas. Desde las ventanas y balcones, los habitantes del pueblo apoyaron a los mineros e increparon a los guardias civiles. He aquí un minero en primer plano después de que la guardia civil le abriera la cabeza. #Ciñera pic.twitter.com/V3yOlJo7 Esta mañana se han repetido los cortes de tráficos en carreteras y vías de ferrocarril.

HIJO, HAZTE FUTBOLISTA



Hijo mío: que no te vuelva a ver con un libro. Coge ahora mismo la pelota y venga, a darle patadas, que te quiero ver entrenando mañana y tarde. Tu padre ha visto la luz: queremos que seas futbolista. Profesional, por supuesto, llamado a la selección nacional, y campeón de Europa y del Mundo.

Tras dos días meditando sobre cuáles son las “lecciones” que, según nuestros gobernantes y buena parte de la prensa y tertulianos, deberíamos aprender de la victoria de la selección española, tu padre ya lo ha entendido: debes conseguir triunfar como futbolista.


No me mires así, hijo. ¿No es esa la lección que tenemos que aprender del éxito de ‘La Roja’: aspirar a que nuestros hijos ganen un día la Eurocopa?

Porque otra lección, la verdad, no se me ocurre. Salvo regalarte un balón, apuntarte al equipo del barrio y rezar porque algún ojeador de un club grande se fije en ti, no veo por ningún lado cuál es el “modélico ejemplo a seguir”, ni cómo el “espíritu ganador” nos impulsará para salir de la crisis, ni dónde está “el mejor espejo en el que mirarse”, ni cuáles son esos “valores que debemos recuperar”, ni en qué sentido la victoria en Kiev es la prueba de que “con trabajo todo se consigue”, o de que “juntos podemos con todo”, entre otras pomposas expresiones oídas y leídas desde el domingo.

Es cierto, hijo: a mí no me motiva demasiado el fútbol, y tal vez por eso no aprecio todos esos valores y lecciones que otros ven en la histórica victoria.

Pero no te confundas: tu padre no es ningún resentido, ni me molesta la felicidad de los demás, no voy de aguafiestas. Sabes que no me gusta el fútbol pero disfruto con el baloncesto o el ciclismo, y en casa siempre vamos con los paisanos baloncestistas y ciclistas, así que tampoco soy un mal español. Pero no se me ocurre nunca pensar que Gasol o Contador sean un ejemplo, un espejo donde mirarme, una guía de comportamiento para superar la crisis, los mejores embajadores de mi país, los salvadores del honor colectivo, los portadores de valores ni la prueba de que con trabajo y humildad se consigue todo. Me basta con que me entretengan un par de horas en las tardes de verano, que ya es mucho.

Con todo, admito que tal vez el problema es mío, que no veo lo que otros dicen ver, por esa incapacidad mía para apreciar el fútbol. De ahí que donde la mayoría asegura que reconoce a unos chavales simpáticos, generosos, humildes, solidarios (doy por hecho que al final donarán la prima, no serán tan tontos para perder el aura de héroes por una calderilla), jugadores que anteponen lo colectivo a la individualidad, con espíritu de equipo y sentido del honor, yo en cambio tiendo a ver a una elite de jóvenes millonarios llenos de privilegios, intocables, que disfrutan de beneficios fiscales, que se dan caprichos en forma de cochazos, cuya lealtad a una camiseta y una afición siempre tiene precio, capaces de dar patadas al rival y de simular una caída para ganar, y que muestran una mezcla de indiferencia e ignorancia hacia la terrible situación que vive el país (basta ver las entrevistas y cuestionarios a los jugadores que estos días publicaba la prensa).

¿Que entre ellos los hay solidarios, generosos, humildes, esforzados? Pues claro, no digo que no, pero lo que queremos de ellos es que ganen partidos y den espectáculo, que nos entretengan y nos den alguna alegría en estos tiempos desgraciados. Y para ello no creo que sea necesario el retrato beatífico, épico y almibarado con que estos días adornamos a unos deportistas que no andan precisamente faltos de reconocimiento social; un cargar las tintas en su bondad humana que a mí me los acaba haciendo especialmente antipáticos. Tan faltos andamos de modelos de comportamiento que en algún momento dejó de ser suficiente con que los deportistas ganasen trofeos; además debían ser buenas personas, solidarios y sensibles, participar en partidos benéficos, ser amigos de sus amigos, yernos ideales, novios de película, y ahora también psicólogos al rescate de la autoestima nacional, proveedores de soluciones políticas y económicas, y guía espiritual para momentos difíciles.

“¡Estos sí nos representan!”, repetía eufórico un periodista chillón días atrás, echando mano al grito más popular de los indignados, el “no nos representan”. Así nos va: ni los políticos, ni los sindicatos, ni el rey, ni los grandes medios de comunicación, ni los banqueros, ni los jueces, todos con el prestigio hundido. Los que “sí nos representan” son una veintena de futbolistas que con sus goles nos enseñan cuál es el camino para superar nuestros problemas económicos, sociales, democráticos, nacionales y de autoestima.

Por eso he comprendido la lección: hijo mío, hazte futbolista. Sí, ya sé que no es fácil llegar tan lejos, que sólo lo consigue una mínima parte de quienes empiezan a dar patadas a un balón. Pero tampoco tendrás mucho más futuro si decides ser científico, profesor, médico o trabajador de los servicios públicos, ni por supuesto minero o forestal, todos esos españoles sin mérito que no sólo no tienen futuro garantizado ni reconocimiento social ni dinero, sino que tampoco nos representan ni saben darnos cada dos años una alegría, una lección, un ejemplo y un espejo donde mirarnos para vernos tan guapos como en el reflejo de nuestros héroes del balón. A por ellos, hijo, oeee.

ISAAC ROSA